• Papá de G

Vacaciones útiles


Cuando yo era niño, mis padres nos llevaban al YMCA para llevar actividades de verano. Desde que tengo memoria, todos los veranos íbamos ahí, según me cuentan, desde los 3 años. Era divertido pues la jornada que duraba toda la mañana empezaba muy temprano y terminaba alrededor del mediodía cuando mi mamá iba por nosotros. Comprendía, no recuerdo el orden, de 1 hora de natación, 1 hora de deporte (fútbol, básquet o vóley), 1 hora de actividades tipo juegos entre todo el grupo, 1 hora de juegos de mesa como billar, ping pong y fulbito de mano (ahí empezó mi gusto por el fulbito).

Pasaron los años y ya no me parecía divertido, prefería quedarme en casa viendo tele, jugando ahí hasta que conocí a mis amigos del barrio, alrededor de los 10 años, a esa edad ya había un buen grupo de niños, un poco mayores y otros menores, que todos los días nos juntábamos en mi viejo barrio de Breña a jugar fútbol en la pista, desde las 10am aprox. hasta las 4pm. Eran partidos interminables que el ganador se decidía en “mete gol gana”. En ese entonces ni almorzaba, o sólo iba si mi mamá salía a la calle a buscarme para comer algo, o escuchaba el silbido de mi papá. Ahí regresaba, almorzaba y volvía a salir a jugar. Luego en la noche nos juntábamos los mismos amigos a conversar lo del día. Cada uno era diferente pero eso lo hacía divertido. Había quienes iban al estadio todos los fines de semana y que si bien eran rivales en las barras bravas a las que pertenecían, en el barrio éramos todos amigos. Había uno más rebeldes que otro pero lo que me alegra es que la mayoría de los que eran más cercanos, les está yendo bien en la vida.

Mi mamá como siempre me dio la libertad para que yo escoja si quiero estudiar algo en verano o haga alguna actividad. Una vez, creo que a los 12 años, llevé un curso de electrónica. Fue grande mi sorpresa y la de mis padres, saber que era una “carrera corta” y que mis compañeros de clase eran todos adultos, que fueron a mi cumpleaños y en vez de tomar chicha, tomaban cerveza con mis tíos y papá. Era muy divertido porque al ser yo el menor de todo el instituto, me cuidaban y ayudaban a hacer el proyecto final, que fue un timbre musical que lo vendí a una tía.

Luego ingresé a los scouts y me quedé ahí un buen tiempo. Esa es otra historia pero lo recomiendo totalmente.

En casi todos estos lugares, hice amigos, algunos veo hasta ahora y se un poco de sus vidas. Creo que el hecho de que mi mamá me haya dado la oportunidad de elegir lo que quería hacer en mis vacaciones, hizo que lo hiciera con más ganas.

Ahora con toda la oferta de cursos y talleres de verano, si volviera a ser niño de hecho que me volvería loco de todo lo que hay y me llama la atención.

Pero lo que les recomiendo, desde mi punto de vista y haciendo una mirada a mi YO niño, dejemos a los chicos elegir qué quieren hacer, obviamente guiados por los padres pues ellos saben si tal vez necesitan algún refuerzo por ejemplo en inglés o ciencias, o tal vez en deportes. Pero si no quieren hacer nada, eso también es bueno, porque en casa, 2 o 3 meses, se van a aburrir y eso va a hacer que desarrollen su creatividad buscando actividades para distraerse. Harán amigos en el parque, en la calle, se reirán, se pelearán, tomarán agua de caño o de la manguera (yo lo sigo haciendo) pero no olvidarán a esos amigos y lo que hicieron en esas vacaciones.

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