• Papá de G

Rebelión alimenticia


Hace un tiempo empecé a oír sobre los “terribles 2”. Sobre como los niñ@s se vuelven terribles al llegar a esa edad. Yo lo entiendo como que quieren ser independientes, explorar y hasta cierto punto ver el aguante de los padres.

En realidad, Giulia no es TAN terrible, más bien diría que es dócil porque entiende, hace caso y cuando empieza a hacer sus travesuras como treparse a las sillas o a los bancos, no le digo que no lo haga, sino que estoy a su lado para cogerla si es que se cae o se tropieza.

Pero como todos, a veces tiene sus arranques, reniega, grita, llora aparentemente sin motivo o por llamar la atención. Cuando sucede eso le digo que si grita o llora no sé lo que quiere, así que se calme y me diga que le pasa para poder ayudarla. Entonces se calma, me dice y todo vuelve a la normalidad.

Pero hace unos días se puso realmente Chuky. Yo por trabajo regreso temprano a casa, antes de su cena. Normalmente caliento su comida y dejo a la chica que la cuida para que este con ella mientras come porque conmigo se distrae. Mientras calentaba su comida, ella se había puesto su babita en la boca, decía que era perrito y no quería comer.

Se lavó las manos (con la babita en la boca) pero no quería sentarse en su silla. Con esfuerzo lograron sentarla pero no quería comer porque según ella era perrito. Yo veía que la chica que la cuida se quedaba sin argumentos para persuadir a Giu que deje de ser perrito así que me acerqué y le dije:

Yo: Giu, vas a comer? Giu: No Yo: ¿Por qué? ¿Eres perrito? Giu: Sí Yo: ¿Sabes que los perritos no comen comida sino hueso? Giu: Sí Yo: Entonces como eres perrito te daré hueso y me como tu comida, ¿quieres? Giu: Sí (cogí su plato, abrí la refri y saque un pedazo de pollo congelado y haciendo el ademán que me comía su comida…) Yo: Bueno, ahí está tu hueso, está congelado por eso está frío. Esa es la comida de perrito así que cómela mientras me como tu comida Giu la tocó, creo que le dio frío y me miró con cara de que no quería, se sacó la babita de la boca y comenzó a pedir su comida. Yo: Bueno, si me dices que eres perrito, te daré hueso pero como eres Giulia, te daré tu comida Giu: Comida! Comida!

En ese momento le serví su comida y la comió feliz como siempre.

Con esa conversación tranquila, evité gritarle, castigarla, obligarla y hasta posibles llantos y malos momentos para ambos. Y no es la primera vez que tenemos conversaciones como esa. No sé si es correcto lo que hago, pero me pareció lógico buscarle otra salida al momento incómodo que tuvimos pero felizmente entendió y lo mejor, funcionó. Bueno también tengo que decir que soy muy paciente jajaja.

Grace y yo no creemos en el “tiempo para pensar”, ni gritarla, ni castigarla y mucho menos golpearla (palmazo), hasta ahora nos ha funcionado esas conversaciones pero cuando le damos instrucciones le hablamos con firmeza y sin dudar, no gritando. Cuando llora, grita y se pone en un estado caótico, lo que hago es cargarla, hablarle calmado, pasearla y se calma rápidamente. Trato de que entienda qué está pasando, claro y directo, y piense que es lo correcto. Por ejemplo cuando jugaba a correr y estrellarse contra la mampara de vidrio, a pesar que le decíamos que no lo haga, la cargué y le dije que si sigue haciendo eso, se iba a romper, se iba a cortar, le iba a salir mucha sangre y ya no iba a poder jugar con sus juguetes (porque aún no sabe que es “morir”). Lloró un rato pero después se calmó y no volvió a hacerlo. Eso fue hace meses y ahora ya no lo hace.

Cada uno ve la mejor manera de criar a sus hijos, no hay mejor ni peor. A mí personalmente me funciona lo que hago, seguro el carácter de Giu me ayuda pero sé que en algún momento cuando sea más grande tendré que castigarla con el dolor de mi corazón y cuando suceda, tendré que ser firme y no debilitarme cuando me ponga los ojos del gato con botas de Shrek.

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