• Papá de G

Los superhérores no son eternos


Cuando eres niño, ves a tus padres, sobre todo a tu papá, como un ser todopoderoso, un superhéroe que siempre te salvará de los malos y nunca te pasará nada a su lado o mientras él esté cerca.

El recuerdo que yo tengo de mi padre, cuando yo era niño, es de una persona enorme, fuerte, a la que yo le llegaba a la cintura y cuando me llevaba de la mano nada me iba a pasar. Me protegía del frío diciéndome que haga un puño y él con su gran mano cubría mi pequeño puño y calentaba mi manito.

Una vez se peleó con unos ladrones que, al verlo cargando su leche ENCI, se aprovecharon y robaron su plata. Agarró a uno, le dio una paliza sin soltar la leche que era para sus hijos, a pesar que le robaron el dinero del bolsillo.

Eso que nos contaba y veíamos marcó mi vida y ahora hago y haré TODO lo que mi Giulia necesite para crecer sana y sobre todo feliz y sin preocupaciones.

Pero llegó un día que aprendí, a la fuerza, que los superhéroes no son inmortales.

Una tarde que Giu aún no estaba con nosotros y Grace se fue con sus padres a un fin de semana familiar. Yo me quedé en casa pues entrenaba para una competencia y luego les daría el alcance. Al regresar de entrenar recibí una llamada de mi madre, mi papá estaba en el hospital por una bradicardia, es decir, su corazón late muy lento, no bombea la cantidad adecuada de sangre y para alguien de su tamaño, podía apagarse unos segundos y desvanecerse en cualquier lugar o hasta manejando lo cual sería fatal. Llamé a Grace, le conté y ya no fui a su encuentro, sino que inmediatamente me fui al hospital a ver a mi padre. Ella regresó de su fin de semana y me acompañó. Pero mientras tanto yo estaba en el hospital con mi familia para ver como se solucionaría lo de mi padre.

Él estaba bien, de buen ánimo y quería salir pues no sentía nada. Felizmente fue controlado al poco tiempo con un marcapaso.

Pero recuerdo que al llegar y ver a mi prima que es doctora, muy acertada, por cierto, y a mi madre, me puse a llorar, lloré mucho pero no por el hecho de la enfermedad de mi padre que en se momento ya sabía que estaba controlada, sino por el hecho de enterarme a mis 33 años que mi papá no era inmortal, que algo le podía pasar, que no era eterno. Tal vez soy muy soñador y optimista y nunca me puse en ese lugar, hasta ese día.

El otro día pensé sobre como Giulia nos ve a nosotros y como me ve, como la persona que siempre está jugando con ella, que traigo las compras, que la subo a su silla del carro y que luego se sienta adelante a manejarlo. Que la agarra de la mano al cruzar la pista y que ella me mira hacia arriba para saber si ya no viene ningún carro. Es muy importante tener en cuenta eso y pensar muy bien cómo actuamos, qué decimos, cómo lo hacemos y cómo nos tratamos en familia delante de nuestros hijos para que ellos puedan crecer sanos y felices, que logren ser personas de bien, eso será mi mayor satisfacción como papá.

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