Bienvenida Giulia!

July 24, 2016

 

 

 

Era lunes 9 de febrero. Grace decidió tener un parto natural, a menos que haya alguna complicación que felizmente no hubo y sacando cálculos, en esta semana debía nacer. En ese tiempo trabajaba a unos 25km de casa y de darse la situación tendría que regresar rápido por lo que decidí dejar la movilidad de la empresa e ir en carro hasta tener la noticia.

 

Ese día llegué al trabajo un poco más temprano de lo habitual y fui a servirme un café cuando de pronto Grace me llamó al celular: "Se me rompió la fuente".

 

Gracias al curso de psicoprofilaxis, sabía que no era tan crítico como suena, ni que Giulia saldría corriendo por ahí ni nada. Tenía unas 4 horas para llegar así que tranquilamente me despedí de todos, dije que no me verían en un tiempo y me fui. 

 

El único camino era la Panamericana Norte y me atoré cerca de 1 hora con la batería del celular muriendo. Compré un cargador en el camino que a los 10 minutos se rompió pero felizmente llegué. 

 

Grace estaba en sala de dilatación y yo al verla tranquila mantuve la calma. Fui a saludar a mis suegros, a hablar con mis padres que ya llagarían luego, a coger la cámara, la GoPro y a ayudar a mi esposa en lo que pueda. 

 

En eso el ginecólogo llega, la revisa y, según yo, en pocos minutos ya fue a sala de parto. Me dieron una bata, me dijeron que me cambie y que me llamarían. "Señor ya puede pasar". Grace estaba echada lo único que atiné fue en sobarle la cabeza. Yo no sabía que hacer, es decir, es una chambaza dar a luz como para que digas "tú puedes", o "puja más", no sabía que decir ni me acuerdo que dije pero ahí estaba con la GoPro y la cámara. En eso el doctor le dijo a la enfermera que la ayude y ahí Grace gritó y yo peor no sabía que hacer. Cuando el doctor dice que ya tenía que salir y de pronto aparece la cabecita de Giulia, luego su cuerpo, en silencio.

 

"¿No llora?" preguntó Grace. El doctor dijo que espere que ahora llorará porque está con puchero y de pronto el llanto característico de un recién nacido. Lo siguiente fue seguir tomando fotos y seguir a Giulia a donde vaya.

 

Esa experiencia fue maravillosa. Creo que los hombres no tenemos mucho que hacer ahí pues la chamba real es de las mujeres pero en ese momento pueden mordernos, arañarnos, gritarnos, decirnos que nos callemos o lo que sea. Ah, y no se olviden la cámara, sino lo lamentarán el resto de su vida.

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