Ataque biológico a 10,000 m de altura

August 11, 2016

 

 Hace unos días, Grace, Giulia y yo fuimos de vacaciones a Punta Cana, nos divertimos mucho,

Giulia conoció la playa, el mar, la piscina y la pasó muy bien. Fue muy gratificante ver su cara

de felicidad al estar ahí y sobretodo, con un clima estupendo.

 

Pero llegó el tiempo de volver. Mucho calor. Giulia con body y sandalias. Llevamos su ropa a la

mano porque en el avión hace frío y al llegar a Lima a las 11pm haría más frío.

 

 

En el avión Giulia se portó muy bien, felizmente fuimos en los primeros asientos con bastante

espacio para las piernas y para que Giulia juegue en ese espacio. Gateó, pintó, caminó, bailó,

hasta que de un momento a otro se fastidió. Comenzó a incomodarse, a llorar un poco cuando

de pronto empecé a notar un olor extraño.

 

Debo aclarar que yo tengo muy buen olfato y Grace no. Puedo oler desde mi cuarto lo que

hacen en la cocina y podía reconocer ese olor. Era lo que temíamos: Giulia se hizo en el avión!

 

 

Me dispuse a sacar pañales, paños y crema para que Grace vaya al baño a cambiarla. En eso

Grace: “Anda tú, no me siento bien”. Y yo: “¿Quéeeeeee?”, es que no es que no sepa cambiar

pañales, ni que nunca lo haya hecho pero seamos sinceros, es un trabajo que trato de evitar.

Grace estaba mareada y se sentía mal, le dolía la cabeza y sólo quería dormir, entonces

empecé mi camino al baño.

 

Para esto, había cola de bebés con mamás para cambiarse, parece que todos se habían puesto

de acuerdo a hacerlo al mismo tiempo. Cuando nos tocaba, prendieron la luz de cinturones

ajustados por turbulencia y tuvimos que regresar al sitio y esperar. Nunca había entrado al

baño de un avión y no sabía cómo era. Cómo me habría visto la aeromoza que a pesar que

seguía la luz de cinturones encendida, me dijo que vaya al baño de la cola del avión.

Recorrimos el avión desde la punta hasta la cola y Giulia paseando dejando su aroma.

 

Finalmente entramos. El baño minúsculo tenía “cambiador”, una especie de mesa que se

descolgaba de una de las paredes para dar una superficie horizontal. Eché a Giulia ahí,

felizmente no era tan grave y la cambié rápido. Ella me miraba con cara de chiste como

burlándose de mí hasta que acabamos y salimos. Saqué el regalo de Giu y le dije a la aeromoza

que dónde botaba eso, enseñándoselo. Me dijo: “Señor, adentro hay un tacho donde puede

botarlo” pero una chica ya se había ocupado, entonces esperamos a que salga para botarlo.

Regresamos a nuestro lugar y Giulia, fresca, siguió jugando.

 

Cuando Grace abre los ojos, me ve y se ríe. Tenía uno de los stickers de Giulia de carita feliz que

ella me había pegado en la frente minutos antes mientras jugábamos y así había recorrido

todo el avión. Me sentí como al niño que le ponen su carita feliz por haber hecho bien su tarea.

 

Si bien en ese momento fue un estrés para mí, ahora lo recuerdo con alegría y la fastidio a

Grace diciéndole que se sintió mal a propósito para que yo lo haga… aunque nunca lo sabré.

 

 

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